El día que descubrí que la medicina que mi esposo me daba todos los días, en realidad estaba borrando mi vida.
El día que descubrí que la medicina que mi esposo me daba todos los días, en realidad estaba borrando mi vida.
Hace tres años sufrí un terrible accidente automovilístico. Sobreviví, pero me diagnosticaron amnesia retrógrada y pérdida severa de memoria a corto plazo. Mi esposo, Marcos, ha sido un ángel. Dejó su trabajo para cuidarme a tiempo completo. No me deja salir de casa para que no me pierda, y todos los días, exactamente a las 5:00 PM, me prepara un té especial de hierbas que, según él, ayuda a reconstruir mis neuronas.
Su cuidado se sentía tan cálido, tan dulce... pero dicen que cuando un lobo lame un cuchillo congelado cubierto de sangre en la nieve, el frío le adormece la boca. Siente un sabor dulce y caliente, y lame con más fuerza, sin darse cuenta de que el cuchillo le está cortando la lengua y lo que está bebiendo es su propia vida. Yo era ese lobo. Y el té de Marcos, era el cuchillo.
Esta tarde, mientras Marcos estaba en el jardín, intenté alcanzar un libro en el despacho y resbalé. Al caer, golpee una de las tablas del piso de madera. Sonó hueca y se desprendió. Debajo, cubierta de polvo, había una pequeña caja fuerte de metal. Estaba sin seguro.
La abrí con curiosidad, pensando que encontraría documentos de la casa. En su lugar, encontré cuatro billeteras de mujer diferentes. Mis manos empezaron a temblar al abrirlas. Las cuatro tenían identificaciones oficiales. Las cuatro fotos eran mías... pero los nombres eran distintos: Clara, Sofía, Elena, Marta. Las fechas de expedición retrocedían quince años en el tiempo.
No podía respirar. El terror me paralizó el pecho. Al fondo de la caja, debajo de los documentos, había un cuaderno viejo. Lo abrí en la última página marcada. Estaba escrito con mi propia caligrafía, pero yo no recordaba haberlo escrito jamás.
La nota decía: "Si estás leyendo esto, es porque despertaste unos minutos. No te tomes el té. El té no es medicina, es un químico que borra tus recuerdos cada 24 horas. No tuviste un accidente. Eres la quinta mujer que secuestra. Huye ahora mismo antes de las cinco".
Miré el reloj de la pared. 4:58 PM.
Antes de que pudiera guardar las cosas, escuché el seguro de la puerta principal abrirse. Pasos lentos y tranquilos subieron por la escalera. Rápidamente cerré la caja y me senté en el suelo, llorando en silencio. La perilla de la puerta del despacho giró.
Marcos entró. Llevaba su suéter gris y su sonrisa cálida y protectora de siempre. En sus manos, sostenía una taza humeante de té.
"Hola, mi amor", dijo con voz suave, bloqueando la única salida con su cuerpo. "Es la hora. Te traje tu té especial. Bebelo todo, no queremos que olvides cuánto te amo". Pero esta vez, detrás de su sonrisa compasiva, pude ver la mirada vacía, fría y calculadora de un monstruo.
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